La calma es terrorífica.

La calma da miedo a aquellos que sabemos que es sólo temporal.
Porque no sabes cuánto, hasta cuándo, qué la espantará, qué podría mantenerla…

Queda aprovecharla. Mantenerse lo más productiva posible (dentro de mis posibilidades). No machacarse. Disfrutar de lo que ahora mismo me hace disfrutar.
Y, vaya por zeus, no esperaba estar escribiendo esto nunca, pero… He encontrado un deporte que me hace disfrutar. ¡El maldito rugby, joder! Es una pasada.
Igual es porque todavía no sé jugar mucho… Pero me encanta, de momento. (Es que siempre he tenido muy poquita fe en el deporte, así, en general).

Queda hacer una lista de las cosas buenas que tienes e ir dando gracias una a una. No, una mierda. Hacer una lista de cosas que egoistamente (sin dañar a nadie) te hacen bien y hacerlas cuando lo necesites.
Hacer una lista de personas que si las necesitas sabes que van a estar y van a ser de utilidad.
Hacer una lista de cosas que hacer cuando estés rozando la crisis y puedan servir.

Y si no sirven, lo siento, y muchos me mandarán a la mierda, pero, pedir ayuda.
Los amigos están bien, pero aún tengo mis dudas de que no sean un invento de la industria cinematográfica y las series de verano de antena 3.
Y hay varios profesionales por cada equis metros cuadrados a los que les pagan por atender a gente como yo cuando necesitamos ayuda. ¡Pues joder, que se ganen su sueldo!

Y poco más. Sé a ciencia cierta que el día 23 de mayo esta calma se va a ir a la mierda, o en cualquier momento antes o en cualquier momento después.
Pero ahí podría poner perfectamente el asterisco en el calendario.
Y me pone de mala leche tener que admitirlo, pero es verdad.

Por ahora, la calma, la calma en mis venas, en mi cama, en mis bolígrafos, mis apuntes, mis gatos, mis personas cercanas, mis peluches y a pastar lo demás.

– Wuss Puss.

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Dejad a las palomas en paz.

“Y aunque el rencor no es buen consuelo
miro al suelo y en voz menor deseo
que tú estés igual
igual de mal”
El Niño de la Hipoteca.

¿Cuánto se tarda en procesar un “recurso”? ¿Qué se hace? ¿Se aprueba o rechaza…? ¿Es así? ¿Y luego qué?
¿Cómo se diagnostica una cistitis intersticial? ¿Tiene cura?
¿Cuándo tengo mi examen final?
¿Qué hacen las enfermas mentales en los centros de día?
¿Biopsiando un esófago se puede saber cuánto vomita esa persona?
¿Los zoofílicos tienen preferencias por unos u otros animales? Sí… ¿No?
¿Cuándo inventaremos tiras reactivas de ansiedad con saliva humana?
¿Cuántos años son la vida media de los coches? ¿Porqué usamos coches? ¿Porqué no hemos evolucionado ya esa parte de nosotros?
¿Cómo de largos son los intestinos de las palomas?
¿Qué porcentaje de mujeres no nos hemos puesto nunca un tampón?
¿Cuál es la diferencia entre la demencia senil y el alzheimer? A parte de quién lo padece.
¿Cuánto tarda una magdalena en pudrirse?
¿A qué porcentaje de gente, de toda la que conozco, le caigo verdaderamente mal?
¿Porqué me cuesta tener amigos pero no gente que me quiera follar? ¿Es porque no sé tener amigos o es porque la gente no sabe no querer follarme? ¿A cuánta gente le pasa esto?
¿Cuánto tiempo llevaba sin autolesionarme abriéndome la piel? ¿Soy la única que no lleva la cuenta del tiempo que lleva sin recaer? ¿Es porque me da igual? ¿Me da igual?

celulass

Imagen.

– Wuss Puss.

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It’s been a long time…

Obvio, como siempre, no he escrito cuando más lo he necesitado.

Bueno, miento. Confesaré que empecé una nueva libreta. Esto de las libretas me viene desde los 14 años… Más o menos. Siempre he sido persona de diario personal, pero nunca lo he ido escribiendo diariamente, me parecía imposible.
Pero a los 14 años empecé a ir a “terapia” y fue algo que me ayudó. Al principio entre el “terapeuta” y yo había una barrera de comunicación. Esa barrera tenía nombre y apellidos: Wuss Puss.
Básicamente, no le quería contar nada. No quería estar allí.
Y me propuso escribir.

O quizás no fue así.
Sé que empecé con una libreta roja. La compré en el chino más cercano a mi casa y me costó dos euros. Que tenía una goma para cerrarla, otra para un boli, un bolsillito para papeles y creo que una cinta muy finita para marcar la página.
No lo sé. Esa libreta era la puta perfección de libreta.

Empecé solo apuntando el peso. Como muchas otras personas enfermas mentales, empecé con problemas de “la conducta alimenticia”. No era muy mucho mi caso, pero, bueno…
Al principio solo el peso, como he dicho. Más tarde empecé a apuntar frases sueltas para recordar que había hecho ese día, para poder identificar el día con el peso.
Más tarde el peso pasó a ser secundario, o quizás lo apuntaba en otro sitio, pero mi libreta empezó a ser: mi libreta.

Y así fue durante más de un año. Lo cual son más de 365 días escribiendo. Quizás no todos. Seguramente no. Pero lo recuerdo, recuerdo mi momento de escribir, casi siempre desde la cama, siempre de noche, claro.
También ponía dibujos a veces. Recuerdo dibujarme con una bolsa de papel en la cara y escribir: “así estoy más guapa”. Y por los agujeros de los ojos señalar: “me he pintado los ojos”.
Y bueno, quizás todo esto solo tenga sentido para mí, y el que fue mi “terapeuta”.
Pero creo que… Tiene su encanto. Sigo teniendo la libreta roja, por supuesto. Y todas las que le siguieron.

Pero cuando uno escribe en un blog y no en una libreta, es porque el propósito ha cambiado. ¿No es así?
Me olvidé yo misma de que este blog tenía varios propósitos. Bueno, la verdad es que ni me acordaba de que era Wuss Puss. ¿Para qué os voy a mentir? A penas recordaba el nombre.
Así que sí, otra vez, quiero revivir el blog. Quiero que me lea más gente. Quiero experesarme mejor a consecuencia de la práctica que se adquiere al escribir más. Mejorar también por críticas o comentarios.
Quiero llegar a más gente. O llegar más a la gente que ya llego.

Quiero… Quiero hacer esto público. Lo cual me aterra en sobremanera.
Lo cual no creo que haga.
Pero que a veces veo necesario.
A veces no soporto la idea de que todo el mundo sepa que soy una enferma mental y otras no soporto la idea de estar rodeada de gente que no lo sabe.
Ojalá no hiciese falta, ojalá la sociedad, el ser humano, la gente, en general, estuviesen preparados para estas cosas. Para no juzgar a alguien por cagarla, no gritarse u otras cosas que no se me ocurren ahora porque tengo el cerebro frito a ansiolíticos.
Pero me refiero a esos actos que hacemos día a día que pueden ser inofensivos para cualquiera, pero también pueden desatar una crisis a alguien que está en una situación de vulnerabilidad como puede ser un trastorno (o cualquier otra cosa, leches).
No lo sé.

Quiero concienciar a todo el mundo, o al menos a la gente que me rodea, de que ser enferma mental, tener un trastorno, tener TLP y depresión, ser medio insomne, víctima de abusos sexuales cuando fui menor y paciente de dolor crónico… No es todo mi ser. Pero que existe, que está ahí, y que, obviamente, condiciona muchas cosas en mi vida. Muchísimas.
Pero que a pesar de eso sigo luchando. No me quedé en la primera sobredosis de medicamentos que me metí, ni en la segunda. Seguí, y si seguí debió ser por algo.
Según mi caballero andante (del cual hablaré) fue porque esa parte más sana de mí estaba despierta diciendo “cuidado”; y puede que sea eso.

Solo quiero normalizar ciertas cosas. Que las personas como yo quepamos en el sistema que actualmente nos patea y nos escupe en la cara.
Porque una persona no funcional y no productiva no tiene cabida, es una lacra y un peso para el resto de la sociedad, de su familia, de sus amigos…

Básicamente eso, eso, y mi libreta roja.
Mi puñetera y perfecta libreta roja.

– Wuss Puss.

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Dead point.

Tentar a la suerte jugando con tu propia muerte creo que no es jugar, creo que es algo más turbio y que nadie  hace si realmente se quiere un poco su propia vida.

He roto mis límites, mis autonormas, mi propiocepción y mi autodesprecio.
“No digas nombres de medicamentos, no seas específica con actos autolíticos, incluso con ideas, no pidas ayuda al tuntún. Sin pides ayuda, sé específica en qué pasa y qué quieres, qué necesitas. Pide ayuda a tiempo. No dejes a un testigo a medias. Confía en quien sabes que puedes confiar. No mientas a tus padres en estos y estos otros temas.”
Lo he roto todo.

Mi twitter es un sinfín de párrafos autodestructivos donde explico cuánto me duele existir, cuánto me duele que se me ignore y cuánto deseo dejar de existir.
A veces se me olvida que me puede leer gente y que esa gente a veces puede preguntar. Bueno, al caso, solo me ha pasado una vez, y está a cientos de kilómetros, tampoco estropearía mis planes.

Pero da igual, son personas, con sus propios problemas. No tengo porqué ir rompiendo mis normas por ahí, si yo misma me las he puesto y nadie más.

Dejé a mi pareja por desesperación, asfíxia, agobio y me volví a empapar con la soledad de los fines de semana. Los no, estoy cansado; no, estoy trabajando; no, tengo que estudiar.
Y no le expliqué a nadie que para ellos igual era un salir a dar una vuelta como un fin de semana más, para mí era o salir de mi habitación o hincharme con media farmacia.
Y así fue. Nada grave, controlé.
¿Controlaste? Wuss, eres idiota por intentar creértelo.

Controlé en el sentido de que sé qué cantidades puedo soportar físicamente sin que me lleven al lavado de estómago y qué cantidades no; aproximadamente. No. Soy. Médico.
Sólo soy una puta controladora toxicómana.

Y no paré, cuando no es por el dolor, es por las náusias, cuando no por la soledad, cuando no, combinemos causas y conceptos y tomemos distintos fármacos juntos.

Me alelo, me emborro la mente, me duermo.
Se me hace exhasperante pensar “quedan tantas horas para mañana”. ¿Y qué hago? ¿Qué hago todas esas horas? ¿Y si me vuelve a entrar otra crisis? ¿Y si vuelvo a querer hincharme como un pavo relleno a base de calmantes, relajantes musculares, antibióticos y todo lo que me venga a la mano? ¿Qué hago?
No quiero ir a urgencias y que me pongan un goterito con un calmante. Porque no es cuestión de calmarme, es cuestión de cambiar mi puto punto de visita y hacerme ver que no estoy sola.
O que si lo estoy, tampoco voy a morir por eso y se puede vivir con ello.

Nunca antes me había fiado tan poco de mí.
Si alguien me pregunta, no sería capaz de afirmar que NO voy a intentar alguna gilipollez en las próximas 3 horas.
Y esto no es un aviso suicida, es una aproximación. Ni siquiera intento morirme, soy tan mediocre que no intento morirme porque me sale mal, mis padres, mi abuela, mi ex… Todo sería un puto drama si me paso y acabo en el hospital y ni siquiera remato la faena. TODO.
Así que no, no es un aviso suicida, es la única puta forma de expresarme que tengo ahora.

Porque a nadie le gusta que le digan “mira, perdone, me quiero morir; a pesar de que vuelques toda tu amistad, esfuerzo, proyectos, amor y dedicación en mí, voy a seguir queriendo morir”. Es lo jodido de la gente, no entiende que no estoy así por decisión, es enfermedad, una recaída, un bajón, nada más, ¿no? No lo sé.

Mañana me levantaré, si puedo (me quedan menos de 4 horas para dormir), e iré a clase, buscaré algo que me absorba hasta el día siguiente y después de clase iré a la psicóloga.
No sé cómo masticar todo esto para contárselo.
Hace dos semanas o tres cuando fui era una chica feliz con su 7’5 en el examen, con su pareja asertiva, con sus polladas. No feliz, para qué mentir. Era mínimamente estable y veía sentido a estar viviendo porque me gusta aprender de parásitos, ver perros enfermos y preguntarme qué cosas veré y qué no en cuanto a enfermedades de animales (mis estudios).
Pero ahora no, ahora esto pasa a un segundo plano y el primer plano es mi propia eutanasia paulatina.

 

Lo siento,
en mis normas también está no escribir esto.
– Wuss Puss.

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La dependendizadora.

Hablé con mi pareja, le nombré el término “dependencia emocional”.
Imaginadme diciendo “dependencia emocional” como si fuese un anuncio de cocacola, con un letrero en luces de neón y cañones detrás de mí que disparan folletos informativos sobre la… Dependencia emocional.

Le dije que a mí no me parece normal ni bonito que coja el tren dos horas antes para verme cinco minutos o que a pesar de decirle que me siento agobiada me envíe mensajes cada veinte minutos.
Que creo que necesita empezar a hacer vida solo, con amigos o con su familia, o con cualquier cosa y/o persona que no sea yo. Porque no tengo porqué estar ahí siempre. Necesito mis tiempos. He necesitado mi tiempo para estudiar, regular mis horarios de sueño, estar con mi gatita enferma, regular las cosas con mi familia… Y no fue muy bien.

Llegué a una especie de sublímite de mi paciencia en el que no me era preciso y decisivo a muerte dejar de estar con él o no; pero que si no decía nada ya iba a acabar explotando en psiquiatría.
Y fui todo lo asertiva que pude.

¿Qué se debe hacer cuando sabes que tu pareja depende emocionalmente de ti?
Porque solo me ha hablado de esto alguien, que a pesar de ser trabajador en salud mental y estar formado e informado sobre el tema, no fue para nada imparcial. No quería que yo supiese sobre dependencia emocional para poder tener herramientas, si no para que me quitase a mi (por aquel entonces) novio.
Pero volvamos al tema. ¿Se puede arreglar una persona dependiente sin quitarse a la persona de la cual dependen?

Por favor, que nadie entienda esto como que me lanzo flores y me miro al espejo y me beso porque creo que soy una droga adictiva, atractiva y sensual. Que soy lo más y mi novio me adora por eso.
Ni siquiera sé porqué me quiere, nunca entenderé las razones de nadie para quererme.
Pero sé lo que es la dependencia y sé que él la sufre y sé que es hacia mí.
No me enorgullezco ni me parece guay ser “la causa”, pero lo soy y lo cuento.

¿Podemos ser una pareja sana si uno de los dos ya ha estado dependiendo del otro? ¿Podemos tener espacios y tiempos separados sin que nadie salga herido?
¿Puedo decirle todas estas cosas sin que hieran? No, pero lo he tenido que hacer. ¿Lo he herido? No lo sé, dijo que no.

Pero magia.
Pasaron veinticuatro horas y me ha dicho que se siente mejor. Que se dio cuenta que se sentía menos asfixiado concentrándose en lo que hacía en vez de estar pensando en qué estaría haciendo yo o dónde estaría. Y entonces, fue cuando disfrutó de lo que estaba haciendo en ese momento.

¿Puede ser verdad que haya cambiado el chip y a partir de ahora todo vaya más fluido y yo no frunza el ceño cada vez que me vibre el móvil?
¿Puede que todas mis relaciones tengan una fecha máxima de caducidad porque tengo una capacidad reducida de querer y tolerar a la gente que me quiere?

No lo sé, no tengo tampoco la capacidad de ver el futuro.
Solo puedo confiar en lo que dice, intentar ensanchar un poquito mi tolerancia al malestar y esperar a ver qué sucede.

No quiero otra vez dramas en mi vida. Lagrimones. Llamadas, caras de pena, recoger las cosas, devolverlas, volver a encontrar algo y llorar. Acostumbrarse de nuevo a otras cosas. No quiero esto, quiero que siga en mi vida. Pero no quiero que todo gire entorno a esto. Quiero tener una vida enfocada a distintas cosas, y no quiero que el foco principal sea una persona.
Soy así de bonita novia.

– Wuss Puss

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El deseo infinitamente infinito, infinitamente inocente.

Entonces lo vi y quise abrazarlo, convertir el momento en un abrazo infinito.
Quise que el tren tuviese un recorrido eterno. No bajar nunca. Que no llegase nunca a su destino o que ni siquiera lo tuviese.

Acariciarle el pelo y observarlo, entender qué me decían sus ojos y nada más.

En realidad no hablo de nada más.
Hablo del deseo de un abrazo, de mostrar afecto a alguien en modo de una caricia en el pelo y una mirada cómplice.
No hablo de nada más, no deseé nada más.

Pero lo deseé tan alto que no podía callarlo y como no podía hacerlo, he tenido que escribirlo.

……………………………………….

 

¿Alguna vez os ha pasado? ¿Alguna vez lo habéis podido hacer en ese momento? ¿Qué se siente?

Me estoy intentando definir como persona, mi deseo sexual, no-alosexual (intensidad y frecuencia normal/común de deseo sexual).
No soy alosexual, no soy asexual.
Investigué y descubrí el espectro gris-sexual, con el cual me siento bastante identificada, pero no es muy difícil porque es extremadamebte amplio.

¿Me explico un poco? Nunca he hablado de estas cosas aquí, porque no las hablo mucho, porque no es fácil encontrar a alguien que te quiera escuchar, que no abuse de tópicos y clichés y no crea que es una enfermedad.

Vivo la sexualidad y el sexo de forma distinta.
Pero como no sé hasta qué punto es culpa de toda la medicación que tomo, y no me siento muy cómoda hablando de esto en “público”, hablaré de eso en otro momento. (Carita sonrojada).

Pero lo que más me perturba ahora son mis deseos afectivos con otras personas que no sean mi pareja.
A veces me preocupa porque pueden ser más frecuentes con otras personas que con él. Y eso no me gusta, me hace sentir mala novia.
Y este, es del deseo que os he hablado en mis primeros párrafos.
Pero son deseos completamente inocentes, sin ningún ápice de deseo sexual, erótico o sensual. Solo quiero acariciarlos, abrazarlos, tocarles el pelo (esto en exceso), mirarlos o simplemente estar con ellos.

Aunque a veces también dormir con ellos. Pero de verdad, sólo dormir. Como si fuese una actividad que, tal vez, al compartir con otra persona, sin que haya ninguna intención, pueda ser más agradable. (Problemas de sueño de Wuss Puss: podéis leer sobre esto en 2 de cada 2 posts).

Nota: sé que no es preciso definirse con una etiqueta, pero cuando sabes que sobresales del cubo “normalidad”, puede ayudarte saber que no eres la única persona y que hay otro cubo más chiquitín e irregular en el que cabes.

No lo sé, todo es confuso, un poco gris, un poco negro y muy pocas veces blanco.
¿Abrazo colectivo entre todos los que lean esto?

– Wuss Puss.

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Qué sorpresa, vaya.

He encontrado mi pasión.
No, en realidad siempre supe que los animales eran un 90% de mi bienestar.
Lo supe cuando nací berreando “quiero un gatito, quiero un gatito”. Lo supe cuando lo tuve a los 16 y no fueron uno, fueron dos. Cuando dejé de comer animales y derivados. Cuando fui por primera vez a una protectora y fui tan feliz limpiando cacas de unos cincuenta gatos sin que me importase nada. Lo supe cada vez que me dejaba tratar mal solo por pasar más tiempo en esa protectora.

Y lo sé ahora que estoy estudiando auxiliar de clínica veterinaria y cada día entro con los ojos como platos y preparada para apuntar cada palabra que salga de la boca de los magos de mis maestros. Porque no son profesores de profesión, son veterinarios del hospital, de uno de los mejores del país, y a parte, nos dan clase.

Así que sí, he mejorado muchísimo. Estar cuatro horas al día así es genial. Mis compañeros también son personas agradables, quien más, quien menos. Al menos compartimos parte de esa pasión; aunque en algunas cosas jamás estaré de acuerdo en ellos, porque soy una “radical” que antepone la vida y bienestar de los animales a los placeres nuestros, de los humanos (no hablo sólo del comer, eso lo respeto y nunca diré nada a nadie que no me pregunte y me provoque).

Así que, como mejoré, preparé el discurso de la persona asertiva, sana, que estudia, que ha empezado a dormir más, que se relaciona, que le encuentra un sentido a las cosas.
Se lo solté a mi psiquiatra y mágicamente decidió rebajar la medicación para los desajustes y para los desvelos. Qué casualidad que fuese mi intención, qué sorpresa, vaya.

¿Les comenté a alguna de las personas que me trata el nivel de paranoia al que he llegado?
No. Yo quiero estar bien; y estoy mejor, pero…

No es normal que crea que toda mi clase me odia, que todos deben pensar que soy rara y diferente a ellos.
Que mis amigas… Jajaj, no tengo amigas.
Que la gente que no conozco, también me odia. Aunque vivan a kilómetros de mí y no sepan de mi existencia, me odian.
Creo que hablo bien con la gente, que soy asertiva, que no contesto de malas formas, y parece ser que sí, por las respuestas que me dan.
Creo que explico mi situación a la gente con la que hablo a diario (por internet, ahá) de forma lógica, que es un discurso coherente y que no lo hago de forma ofensiva. Pero se lo toman mal.

Que me digas que no me odias ahora mismo no me sirve porque seguiré pensando que lo haces, no porque lo des a entender, si no porque tengo un nivel alto de paranoia, una crisis, una mala racha, algo puntual y pasajero. Y digo cosas que parecen incomodar a todos, que creo yo los conflictos.
Eso está mal, tienes que calmarte, tienes que entender que si yo te digo que no te odio es que no te odio, que “si no te preocupas tú, no me voy a preocupar yo”.
Tus controles policiales cansan.

Da igual que expliques tres veces que, que te digan “cálmate”, cuando estás ansioso no ayuda, te dirán que te calmes, que te calmes, que te calmes.

¿Me alejo? ¿Me quedo? ¿Me voy? ¿Me callo? ¿Os hablo de endoparásitos? ¿Os pregunto cada dieciocho horas si me odiáis? ¿Eso también es molesto? ¿Entonces porqué no os parece lógico cuando digo que mejor si me callo un rato?

No lo entiendo, no entiendo nada.
Ahora me rodeo de diecinueve personas nuevas, desconocidas, cada día, durante toda la mañana, cinco días a la semana.
¿Qué garantía tengo yo de que no me odian? ¿Cómo voy a preguntarles si les caigo mal? ¿Porqué les iba a caer mal? Ah no, la pregunta no es esa, la premisa base es que me odian todos. Mi cerebro, ahora mismo, no quiere entender otra cosa. Y la gente externa a mi cerebro (todos), no quiere, no puede, no consigue entender eso. Es más fácil decirme que me calme, que me calme, que me calme.

Buscaré a alguien a quien hablarle de endoparásitos sin que piense por dentro que soy una asquerosa, que también piense que le odio y que no le importe que lleve pelos en la ropa.
Amo a mi novio y soporta todas estas cosas, las entiende, las comprende, las despega de mi ser “original”.
Pero soy un ser que necesita un mínimo de personas de apoyo, y me resulta imposible. Y me rompo la cabeza, me parto la crisma, me quemo, pero no lo consigo.
Creo que este blog va de eso prácticamente en su 89%.

Siento el rollo, no sé escribir, me están invadiendo mis padres.

– Wuss Puss

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